TU
PARAÍSO
Las Truencas
Entre montes que guardan el eco del alba,
duerme Las Truencas,
cabaña de piedra y silencio,
donde el tiempo se sienta a escuchar el viento.
El prado, aun húmedo de rocío,
susurra nombres antiguos
que solo entienden los árboles
y las vacas pasiegas.
Aquí la vida no corre:
se posa,
La luz se derrama por las laderas
como un recuerdo que no quiere olvidarse.
Dicen que en los días claros,
cuando la bruma se retira al fondo del valle,
Las Truencas respira despacio,
como si recordara su propio nacimiento.
Los viejos cuentan que el viento,
al pasar entre los robles,
susurra “truencas” como si dijera “trueno”,
no por estrépito,
sino por la fuerza tranquila de la tierra,
que sabe hablar sin romper el aire.
En lo alto de Esles,
entre los pliegues suaves del valle
donde el verde se vuelve infinito,
el viento al pasar entre los fresnos,
susurra su nombre: Las Truencas.
Quien llega,
descubre que el paisaje no se mira:
se habita

